Gracias por no dejarme olvidar por qué escogí irme bailando de esta vida. Gracias por conmoverse, por conmoverme. Por perfumarme el alma con sonrisas y danzas, que finalmente, siempre serán los mejores aromas de los que uno se pueda impregnar. A su lado, he descubierto que la confianza es un tren que no demora, cuando es el espíritu el que viaja y comparte, el que da la bienvenida con una sonrisa, el que baila como si no hubiese otro día para hacerlo, el que ríe a carcajadas, el que se enoja, el que grita, el que llora, el que toca, el que palpita; el que está presente. Somos lo que somos al bailar. Ahí estamos, entre tejidos de brazos y andares descalzos. Hoy ustedes hicieron que vibrara mi espíritu, como la cuerda de un instrumento; mi sensación…. que bailara mi corazón y que abrazara a quien soy, como hace mucho no. Dar gracias se queda corto cuando se ha conmovido a alguien hasta los huesos. Pero gracias, infinitas veces, gracias. Mi alma está rellena de calores positivos, lista para caminar, para seguir, para volar, para danzar.

¡Un fuerte abrazo a todos!

Yaret García Hernández

About The Author

Related Posts